Augusto Solari: “ No concentrar me dio tiempo para estar con mi familia”

Augusto Solari: “ No concentrar me dio tiempo para estar con mi familia”

Augusto Solari no pasaba los 14 años y le pedía a la madre que lo dejara dormir en la pensión de Renato Cesarini, el club que había fundado su abuelo. Aún no había decidido ser futbolista profesional ni viajar hasta Núñez para iniciar su carrera en River, pero el fútbol estuvo desde siempre en su vida. A los 28, acaso en el mejor momento de su carrera, tras ser una pieza clave en el Racing campeón de la Superliga, la rotura de los ligamentos cruzados en su rodilla izquierda lo obligó por primera vez a pasar unos cuantos meses lejos de una cancha. “No hay un momento indicado ni un peor momento para lesionarse. Aunque estés bien, mal o en tu mejor momento, siempre es una situación angustiante. Después de la operación ya empezás a pensar en la rehabilitación, en sentirte bien. Los primeros meses son los más complicados porque no ves avances importantes y todo se vuelve muy paulatino, tedioso”, explica Solari, sentado en una silla en el playón del Cilindro. El parate sí parece un buen momento para charlar de fútbol: de la pelota y de todo lo que la rodea . 

 

 

¿Qué es lo que más se extraña desde afuera?

– Lo que más me costó fue no ir a la cancha, no estar ahí adentro del vestuario, no entrenar con los chicos. Sufría como uno más los partidos, eh. Pero lo que más extrañaba eran los entrenamientos, es lo que más disfruto de la profesión. Estar con mis compañeros, ese momento es placentero. Me dolía estar solo en un consultorio. Pero también encontrás un resarcimiento por otro lado: no concentrar me dio tiempo para estar con mi familia, compensé todo lo malo de este momento que estoy pasando por ese lado.

 

-Acostumbrados a competir desde muy chicos, con un parate tan largo la cabeza del futbolista debe funcionar de una manera distinta. 

-Cuando mi hija nació yo estaba concentrando para el partido con Vasco da Gama por Libertadores. Fui al hospital un rato y me volví a la concentración. Son cosas que ahora por suerte puedo disfrutar, como salir a pasear los fines de semana en vez de estar metido en el hotel. Cuando estamos en competencia la vorágine es muy grande. La mayor parte del tiempo estás pensando en el partido que viene, los objetivos, lo que queda por jugar. 

 

Tu carrera te enseñó a manejar los tiempos. En River tuviste poca continuidad, en Estudiantes te afianzaste pero terminaste de explotar en Racing. 

– Sí, puede ser. Desde que salí de River a esta parte aprendí a disfrutar mucho más de mi profesión. Antes te decía que lo que más extrañaba era el día a día de los entrenamientos, ahora cuando salgo al campo que es prácticamente todos los días veo a mis compañeros haciendo reducido y me genera esas ganas de querer meterme pero al mismo tiempo me siento más cercano, ayuda mucho. Lo que me pasó en River a mi y a gran parte de mi camada fue que todo se retrasó un poco por las cuestiones lógicas del fútbol. Había mucha cantidad de jugadores de muchas divisiones que fueron llegando a primera y había mucha competencia. Cuando salí a Estudiantes había mucho menos jugadores y encima pasé a ser un poquito más grande que los que competían en mi puesto y eso por ahí me ayudó. Me empecé a sentir importante en el día a día y agarré esa confianza necesaria para seguir creciendo. Cuando no jugás es difícil agarrarla, te la dan los partidos.

 

-La confianza te la dan los partidos pero, incluso afuera, los hinchas de Racing dicen que te extrañan y eso debe ser reconfortante.

-Sí, la verdad que estoy tranquilo con la confianza de que venía jugando, teniendo minutos. Eso me da tranquilidad para trabajar, rehabilitarme de buena forma. Lamentablemente si hay algo que tiene esta lesión es que no podés acelerar los tiempos. Hoy se marca que la rehabilitación es un poco más larga de lo que se pensaba antes. Todo eso me da confianza para ponerme bien. Más allá de la importancia, lo que realmente he sentido en este último tiempo es el cariño que me ha brindado la gente. No manejo mucho las redes sociales pero me hacen llegar mensajes, se que están un poco pendientes. Ese cariño que me brindan es una motivación extra para rehabilitarme y ponerme bien cuanto antes.

 

-Venís de una familia hiperfutbolera. ¿Alguna vez sentiste como un mandato el ser jugador?

-La realidad es que no. Siempre fue una decisión mía. Obviamente la idea de ser futbolista y de dedicarme al deporte fue un poco inducida porque me crié en una cancha de fútbol, adentro de Renato Cesarini que es un club que fundó mi abuelo. En algún punto, por el contexto y por los estímulos hacia el deporte que recibí siempre por parte de mi familia, creo que pudo haber sido una elección un poco direccionada. Pero es lo que a mi me apasiona, copié  muchas cosas de ver a mis tíos, a mis abuelos, a todos los que me rodearon. Las ganas, la formas de ser, el compromiso por ser un jugador de fútbol. Nunca sentí que mi papá o mi abuelo me digan “mirá, vos tenés que ser jugador”. Al contrario, siempre me sacaron mucha presión. A los 15 años, cuando surgió la posibilidad de venir a Buenos Aires, mi papá me sentó en mi casa y me preguntó si yo realmente quería ser jugador o si prefería otro estilo de vida. Estudiar o lo que sea. Y en ese momento lo tenía muy decidido y tomé la decisión de venir a River. Mi familia siempre tuvo en cuenta lo que yo quería.

 

– Esa familia sí te hizo tener referentes distintos a los que tienen la mayoría de los pibes que quieren jugar al fútbol: no todos eligen de ídolo a Johan Cruyff.

-Siempre fui fanático de Johan, por mi papá. En mi casa había unos VHS que había comprado. Tenía uno con los 100 mejores goles de Batistuta, otro con las mejores jugadas de Diego, uno que creo que era un compilado de goles de Enzo y otro que era todo de Cruyff. Y a mi me fascinó. Yo nunca lo había visto jugar y me llamó mucho la atención. Además mi papá me contaba historias, me construyó todo el marco sobre dónde había jugado, cómo había jugado, “La Naranja Mecánica”. Y ahora de grande leí una autobiografía suya y unos libros que me trajo un amigo de afuera sobre su metodología de trabajo, sobre cómo empezó a trabajar en las inferiores del Barcelona. Desde chico tuve una obsesión por él, en un momento de mi carrera pedí usar la 14 por Cruyff. La verdad que hice todo un seguimiento, no solo de su carrera como jugador, sino también del post, como técnico y después todo el rol que cumplió con su fundación. Me pareció un jugador muy completo y que no cumplió solamente una función como futbolista, sino que tuvo un pensamiento mucho más abarcativo y social.

 

-¿Aunque seas joven ya pensás en el post también?

-Sí, obvio. Tengo decidido hacer el curso de técnico, pero también creo que hay que ir cumpliendo ciclos. Hasta los 30, 31, 32, tenés que aprender de los que tenés cerca, de los entrenadores, de las personas que pasan cotidianamente por tu vida, de observar, de ver equipos, de ir buscando cosas que te sean representativas para vos. Después el día de mañana, sí, hacer el curso para aprender otros parámetros, metodología, cómo trabajar y terminar de forjar tu propia idea. Obviamente que podés tener millones de ideas pero lo más difícil es lograr que el jugador reciba tu idea, te compre esa idea y lo lleve a cabo lo más cercano posible a tu modelo de juego.

 

-¿Es realidad o es prejuicio que los pibes ya no les gusta hablar de fútbol?

-Yo hoy tengo 28 y me junto más con los +30 que con los de 20. Entonces no se si a los más chicos les gusta el fútbol. Nosotros los grandes hablamos muchos del juego. Observamos, comentamos partidos, vemos goles. Después a mi particularmente cuando tengo la posibilidad de cruzarme con algún compañero que haya tenido un técnico que me guste trato de preguntarle cómo trabaja, qué idea tiene. En mi casa desde chico siempre se habló de fútbol, es algo que llevo muy adentro conmigo. Eso de hablar, de aprender del diálogo, de escuchar a los más grandes, que tienen más experiencia que yo. Me gusta disponer de un tiempo para hablar y seguir aprendiendo.

 

-¿Qué es lo que le mira un jugador a un DT?

-Lo primero que un jugador se fija son las formas sobre cómo un entrenador se planta ante el grupo, de cómo se maneja con la prensa hablando del equipo. Hoy el jugador en ese sentido observa muchísimo. Todos miramos eso, los jóvenes y los grandes. Por otro lado, hoy los jóvenes vienen mucho más preparados con mucha más cantidad de información. Por eso creo que hoy los técnicos están más preparados y tienen que ser mucho más completos. Tinen que manejar tanto la parte metodológica y de funcionamiento, como la de ideas y trabajos y también saber de manejo de grupo. Todos han estudiado, han hecho algún curso de coaching o de psicología, para saber cómo llegarle al jugador. Siempre tuve la suerte de contar con entrenadores muy cercanos al jugador, cada uno con su libreto y su forma, algunos más distantes pero siempre con respeto. Y cuando tienen la necesidad de acercarse les sale muy natural. La verdad que nunca tuve un DT que yo diga “a este no lo entiendo”. De algunos saqué más cuestiones tácticas y de otros más de manejo.

 

Recién hablabas de cursos, ¿vos hiciste alguno?

-Hice un curso de marketing por una idea que tuve en un momento y no lo terminé. Estaba justo jugando copas con Estudiantes y no me dieron los tiempos para terminarlo. Me gustó pero fue una idea general de algo que tenía pensado pero no es algo que me vaya a gustar para el día de mañana. Sí me gustaría hacer un curso de Dirección Deportiva. Lo intenté hacer en el Instituto Cruyff pero justo me lesioné, me operé un 9 y el 11 empezaba el curso. Era largo y con una carga de contenido importante y no se dio.

 

¿Con el dibujo y escritura seguís?

Muy esporádico. Las pinturas ya me las agarra mi hija y las destruye todas, ja. El tema de la lectura, sí. Sobre todo en pretemporada que tuve más tiempo. Empecé a leer más.

 

¿Que estás leyendo?

Estoy leyendo Jaque al Psicoanalista, de John Katzenbach, que es la segunda parte de El Psicoanalista. 

 

Son varios los lectores del plantel, ¿no?

Hay bastantes, sí. Cada uno con su estilo. Hay algunos que leen más de fútbol. Yo trato de mechar con algún otro que no tenga nada que ver, cómo para salir un poco. Darío (Cvitanich) tenía un libro de economía, ya le dije que era un caradura. Dice que lo encontró en la casa y lo llevó a la pretemporada. Mentira: lo puso en la mesita de luz como para decir que estaba leyendo.

 

¿Quién más?

El Churry sé que lee. Bueno, Lucas Orban que ya toca temas muy profundos y pesados para mí. No estoy en ese nivel de lectura. Lee mucho. Temas muy espirituales algunos…Los Cuatro Acuerdos, por ejemplo. Ese me lo recomendó. Estábamos siempre concentrando juntos y una vez en una pretemporada trajo cinco libros. Le dije: “vos no te leés estos cinco libros ni en pedo”. Y me dijo que no sabía cuál llevar y llevó todos. Pero es un grupo muy lector.

 

¿Está cambiando el estereotipo que había del futbolista, que no lee, o este es un plantel particular?

Me parece que hay generaciones. Recién estábamos hablando de algunos que tienen entre 27 y treintipico, que la cultura de lectura ocupa un poco más del tiempo que en las nuevas generaciones. Hoy los chicos, y también me pasa a mi, le dedican mucho tiempo al celular y no salís de ahí. Y muchas veces no aprendes nada. Me parece que con el libro seguís alimentando el aprendizaje. Los chicos vienen con una cantidad de información que nosotros no teníamos. Y además el jugador ya se empieza a preparar antes para lo que va a ser el cambio de vida, el retiro. Hoy con la mayoría te ponés a hablar y todos piensan en hacer algo y en realizar una adaptación. Y no tiene que estar relacionado con el fútbol. Hoy escucho muchísimos casos de compañeros que ya se están enfocando en estudiar algo para lo que viene después del fútbol.

 

-¿Te parece un avance?

Es muy importante encontrar ese espacio. A ver: la mayoría de los chicos cuando terminan la secundaria hacen un test vocacional para ver qué van a estudiar o para qué tienen mayor facilidad y nosotros nunca lo hacemos. Porque nos gusta el fútbol y el fútbol. Pero cuando termina tenés que encontrar un lugar donde veas que te gusta algo. Pero también tenés que formarte antes para comenzar una vida nueva. Porque terminás de hacer algo que hiciste durante treintipico de años. 

¿Creés que es imposible para un chico de 19-20 años que hoy está en Primera que se entrene a la mañana y vaya a estudiar a la tarde?

Creo que es muy difícil, pero no imposible. Hay chicos que lo han hecho. Bueno, al Pola Schlegel lo felicité porque estaba por terminar el profesorado de Educación Física. Lo único que hice fue estudiar inglés durante 3 años. Llegué a un nivel que me parecía que estaba bien y después no continué. Debería ser algo que no tenga mucha carga en  parte presencial. Muchas veces te toca viajar jugando copa y te vas un martes y volvés un jueves. También hay carreras a distancia…

-En lo que va del año Daniel Osvaldo hizo declaraciones sobre el tema y Nahuel Guzmán jugó con el pelo pintado con los colores LGBT para visibilizar la diversidad sexual. ¿Es realmente un tema tabú la homosexualidad en el fútbol?

-Dentro del fútbol es un tema que se toca muy poco y me parece que todavía falta mucha información para todos, para la sociedad en general y para el ambiente del fútbol en sí. Hoy son tiempos de muchos cambios en todos los aspectos: la homosexualidad, la violencia hacia la mujer. Son cosas que deben seguir mejorando. Creo que cada vez es más necesaria la presencia de los organismos tanto del Estado como en los propios clubes para la formación de los chicos, tocando el tema de la sexualidad. Es un punto en el que hay falta de información y falta de cultura, no sabemos manejar ciertos temas. Por ejemplo: nosotros acá nos bañamos todos juntos, si hubiera un compañero homoseuxal no tendría porque bañarse separado. Hay que empezar a pensar diferente. Es un tema que a mí y a muchos chicos nos cuesta hablar incluso. 

 

¿En todos los años que llevás en el fútbol no conviviste con una situación así? 

No, o nunca supe de un compañero que fuese homosexual. Y creo que ahí está la mayor barrera, que ninguno lo hace público. Un poco por toda esa estructura que se ha formado con los años y que por ahí falta destruirla y volverla a armar. Es un tema muy tabú y no estamos acostumbrados. En otros ambientes es un tema mucho más normal y más sencillo y se descontractura mucho más el tema. Me parece que en el fútbol cuesta muchísimo.

 

¿Qué otras situaciones no te cierran y pensás que los clubes deberían cambiar y comenzar a revertir?

Uno de los puntos clave es que en las etapas de Baby se deje un poco el tema de ganar o perder como si fuera vida o muerte. Los chicos tiene que ir al club con la intención de divertirse. El mensaje tiene que venir primero de los padres y después del club. Deben ser compañeros y que el que ganó, ganó. Jugó mejor. Listo. Perfecto. Y no que los chicos lleguen a la casa y la pregunta sea “Y, ¿ganaste?”. ¡No! El mensaje está equivocado. Es “¿Te divertiste? ¿Jugaste bien? ¿Te gustó jugar?”.
Entonces me parece que ese tiene que ser el mensaje de los clubes . Las exigencias comienzan porque la mayoría de los chicos buscan ser profesionales  y la competencia suele ser atroz.

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