» por Gonzalo Cardozo

Un viejo apasionado

Un viejo apasionado

En La Correspondencia, la novelista Marguerite Yourcenar dice que hay que tener "mucho cuidado con las pasiones de los viejos, porque cuando un viejo se permite una pasión, es más desesperada que la pasión de cualquier joven".

Lisandro López, de 36 años, es “apasionado hasta para barrer el piso”, según dice. En Victoria, una vez terminado el encuentro, se dirigió rápidamente al vestuario por respeto a la actualidad del rival y, además, para no exponer abiertamente su emoción. Sin embargo, tímido y mesurado afuera de la cancha, no pudo contener las lágrimas minutos antes que finalice el partido y el torneo parecía consumado. Sabiendo que, su “deseo a muerte”, como él lo admitió, se estaba cumpliendo. Sabiendo que el propósito de su vuelta a Racing se estaba haciendo realidad. Entendiendo que, quedarse a la puerta de la gloria, ya no ocurriría nuevamente. Porque nadie quería salir campeón con Racing más que Lisandro López. Y llorar en una barrera en pleno tiro libre parece ser una buena carta de presentación. 

Tal vez, se adueñaron de su cabeza muchos momentos pasados en el club. Como vivir en una casa de La Paternal que funcionaba como pensión; o sufrir dos fracturas seguidas en el quinto metatarsiano que pospusieron su debut hasta los 20 años; o probablemente los festejos con bailes incluidos junto a Mariano González y la Gata Fernández. Quizás, hayan llegado a su mente, las primeras veces que fue al Cilindro: “Ahí me enamoré de Racing”, dijo el capitán. 

La lesión con Huracán (¡malditas luces!), el gol de chilena a Independiente, perder una final increíble contra Lanús, la eliminación ante River...Sava, Zielinski, Cocca, Coudet...y un campeonato que se hizo esperar un poco más de 3 años desde su vuelta. 

Cuando uno no peleó por algo, después no sabe cómo se hace para pelear por no perderlo. Y Licha sabía de la frustración de llegar sólo hasta la orilla. Entonces peleó, desde la cuarta fecha, para no perder jamás la punta de la Superliga. Porque la única lucha que se pierde es la que se abandona. Y es que, Lisandro López, luchó para ser campeón. Porque para toda gran obra se necesita pasión. Por lo tanto, mucho cuidado con las pasiones de los viejos...

Publicado el 04/04/2019 Gonzalo Cardozo
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