» Por Matías Petrone

Al Cilindro otra vez | Primera entrega: Mauro Navas

Al Cilindro otra vez | Primera entrega: Mauro Navas

Mauro Navas es un ex lateral derecho que jugó en Racing entre el 96 y el 97. Llegó a jugar 69 partidos en el club y formó parte de lo que él considera un equipazo que injustamente se quedó con las manos vacías en las semifinales de la Copa Libertadores y se desarmó muy rápido. No tiene redes sociales ni nada para contar en ellas. No puede cruzar más de tres mensajes de WhatsApp sin levantar el teléfono para establecer un contacto más directo. Es incansable cuando habla del juego, pero totalmente distraído y desinteresado de todo lo que lo rodea; tan así es que en la misma noche que brindó descripciones completísimas de situaciones de juego vividas hace más de veinte años, tardó 70 minutos en darse cuenta de que había un árbitro adicional a la izquierda de cada arco. “¡Mirá, hay dos jueces más!”, dijo, sorprendido, mientras Racing le ganaba 1 a 0 a Unión en el Cilindro. Para él, el fútbol termina ahí: en la línea de cal. Le cuesta ver más allá, porque le cuesta querer ver más allá.

Llegó al Pasaje Corbatta mezclado entre los hinchas, con un jean holgado y una camisa de colores oscuros. La bronca con los controles policiales que le hicieron dar vueltas por todos lados se esfumó cuando atravesó la primera puerta del Cilindro y se encontró con abrazos de viejos conocidos. No había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvo ahí: asistió a la victoria de la Academia por 3 a 0 sobre Lanús del año pasado, por invitación de Diego Cocca, con quien tiene una buena relación y en ese entonces era el entrenador de la Academia. Se acomodó en su butaca, al mismo tiempo de que los equipos saltaban al campo, y señaló que Unión iba a ser un rival durísimo a partir de su plan de hacer un partido bien cerrado con los fervorosos cantos de la hinchada envolviendo su análisis. “ ¡Y aparte se conocen todos!”, agregó con énfasis, con los brazos abiertos, las palmas hacia arriba y las cejas bien levantadas. Tenía razón: del último duelo entre ambos equipos, disputado en enero de este año, el Tatengue solo cambió un jugador en su alineación.

Los primeros minutos del partido fueron el espacio en donde el silencio se hizo protagonista, mientras que los volantes de Racing se entretuvieron con la tenencia sin lograr escaparle a la resistencia del mediocampo de Unión. “Este me encanta”, fue lo primero que dijo Navas desde que empezó a rodar la pelota, en referencia a Marcelo Díaz. Admira la inteligencia del chileno para ocupar espacios en salida y para anticiparse a lo que la jugada le pide. Además, valorizó más de una vez durante toda la noche el hecho de que el volante jugó un mundial para un equipo que complicó a grandes selecciones y que jugaba muy bien al fútbol. Las observaciones volcadas específicamente al juego de Marcelo Díaz, le permitieron opinar sobre situaciones tácticas que en su época no se daban: el chileno juega entre los centrales, para que estos se abran y empujen a los laterales hacia alturas más elevadas en el campo. En su época no se daban estos movimientos que hoy nuestras pupilas tan asimilados tienen. “Si un técnico nos soltaba a los dos laterales al mismo tiempo, era un loco”, recuerda.

El trámite del primer tiempo le dio continuidad al primer comentario que hizo Navas sobre el juego, centrado en la rudeza de Unión. Racing no podía abrir a su rival, pero el ex defensor de la Academia aseguró que la búsqueda era la correcta, que mover la pelota de lado a lado podía servir para encontrar un hueco. Y justamente, un veloz y preciso cambio de frente dentro de esa basculación de balón provocó que Navas manotee rápidamente una planilla con la información del partido que el club le facilita a la prensa. “¿Quién es el ‘8’?, se preguntó bajito. “¿Guillermo Fernández? Ah, ¡Pol!… En Boca no lo tuve de pedo”, se respondió a sí mismo en voz alta, previo a destacar el buen pie del volante de la Academia, pese a que este no haya tenido una buena noche. Pol Fernández había subido a la Primera División para entrenarse con Bianchi cuando Navas comenzó a trabajar en las juveniles de Boca, una tarea que le apasiona. “Enseñar y formar es hermoso”, dice con una sonrisa el hombre que tiene un cuerpo técnico armado a la espera de cualquier llamado que pueda surgir. Tanto le gusta enseñar, que en 2011 viajó con Fernando Signorini a Cuba para instalar una clínica de fútbol: “Terminé aprendiendo más yo de ellos que ellos de mí. Es increíble como se la rebuscan para jugar con tan pocos recursos”.

Su última experiencia laboral fue como ayudante de campo de Rodolfo Arruabarrena en el Al-Rayyan Sports Club de Qatar. Solo le costó un año darse cuenta que no era lo suyo. Si bien lo sorprendió el nivel de juego y lo profesionalizada que está la liga de aquel país, no soportó las dificultades lógicas para comunicarse, inmerso en una cultura tan diferente a la propia. Volvió a Argentina para retomar la carrera en Ciencias de la Educación que está cursando en la Universidad de Lomas de Zamora. Ya ni se acuerda cuando empezó a cursar y reconoce que al no estar trabajando, le da más importancia al estudio. “Mientras estuve en Boca con el Vasco pude meter solo dos materias, imaginate”, agrega, al mismo tiempo que se preocupa por ver a Zaracho rengueando en el centro del campo, uno de los jugadores por los que más se interesó. Para Navas es sano que los futbolistas intenten desarrollar actividades que los aísle por momentos del deporte, como puede ser estudiar una carrera. Cree que es una buena forma de contrarrestar la presión que el mundo del fútbol ejerce sobre ellos.

No hubo llegadas claras ni situaciones de gol durante los primeros 45 minutos, pero la posibilidad de quedarse con la punta de la Superliga en soledad invitaba a la gente a corear letras que traducían su ilusión. Navas se acordó que alguna vez él jugó en un equipo que ilusionó. Se acordó del Chelo Delgado, de Capria, de Michelini, de Úbeda, de Nacho González, de Teté Quiroz, del Coco Basile. Se acordó de la Copa Libertadores del 97. Se acordó del 3 a 3 contra el River de Ramón en octavos de final: “Hice un penal tan boludo… A Cruz, ahí, en esa área”, suspira, mientras se tapa los ojos con una mano y señala con índice de la otra, sin sonreír, como si todavía le doliera un poco, pese a que ese penal que luego Francescoli transformó en gol no le haya servido a River para pasar de fase. No duda mucho al responder qué le faltó a ese equipo para coronarse con un título. Para Navas, le faltó contexto. Considera que ese plantel sentía mucha presión por arrastrar la prolongada sequía de campeonatos que sufría el club, además de que las condiciones del día a día no eran amenas para el jugador: rara vez se cobraba en tiempo y forma, las instalaciones eran precarias, el lugar de entrenamiento cambiaba constantemente. “No era este club”, sintetiza, justo cuando el Racing salía a la cancha para jugar el segundo tiempo.


"Eso es en el río de Quilmes. Ni me acuerdo por qué me hicieron posar así... Pero el Gráfico era el Gráfico, lo que te pedían lo tenías que hacer", recuerda sobre la foto y el prestigio de la revista. Foto: Archivo Histórico de Racing Club.


 

Trece minutos alcanzaron para que llegué el único gol de la noche. Primero, Navas destacó lo decidido que presionó Mena sobre la pelota para recuperar alto y lo bueno que fue el centro. Luego, hizo hincapié en el gran momento de Solari y en lo importante que es tener un mediocampista que llegue a posiciones de gol. “Aparte salió de River, algo siempre tienen”, agregó, frotándose las yemas de los dedos. De todas formas, sin dejar de elogiar a Solari, no entiende como Centurión perdió la titularidad. Para Navas, Centu es un crack. Y nunca en toda la noche mostró una mirada tan seria como cuando repitió: “pero crack en serio, eh”, juntando la punta del índice con la del pulgar. El partido no ofreció muchas situaciones de riesgo más, pero si tuvo espacios para que se destaquen más emociones, como por ejemplo esa que provoca Lisandro López. “Espíritu amateur” fueron las dos palabras que pronunció bien fuerte el ex jugador de Racing cuando Licha corrió como un pibe de 20 al volante por derecha de Unión hasta quedar pegado a Mena, en posición de lateral. “Juega solo porque quiere ganar, porque quiere salir campeón acá. Eso lo tienen los grandes de verdad”, comenta un rato después de haberse roto las manos aplaudiendo justamente la salida del capitán de Racing. Ya en el ocaso del juego, Unión buscaba meterse lo más cerca posible del arco de Arias con envíos largos, que si bien no complicaron concretamente al equipo, generaron que entre los cantos de la hinchada se mezclen temblorosos murmullos. “Esto no va a cambiar nunca”, dijo Navas entre risas, recordando cierres de partidos que le había tocado sufrir como jugador en el Cilindro.

 

Publicado el 27/09/2018
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