» Columna de opinión, por Matías Ruffet

La Copa, la gloria y la histeria

La Copa, la gloria y la histeria

“Jugué en el Maracaná con 150 mil personas cuando estaba en Flamengo, pero lo que viví en el estadio de Racing en aquella semifinal fue lo más espectacular que me tocó sentir en mi carrera futbolística. El piso temblaba, la hinchada de Racing te metía en tu propio arco. ¡Inolvidable sensación!”. Julinho abría los ojos al recordar aquel momento y se sorprendía nuevamente, como si no pudiera terminar de creer lo que había vivido. El asombro y la nostalgia hacen que, con la tecnología como socia, regrese a menudo a ese instante: “suelo entrar a YouTube para ver ese recibimiento de Racing”.
 
El Cilindro de Avellaneda era un hervidero. Aquel 23 de julio de 1997, tanto el brasileño Julinho como el resto del plantel de Sporting Cristal salió a la cancha y contempló a una multitud ilusionada, que gritaba por Racing y por el sueño de levantar otra vez la Libertadores. En enero de ese año, Alfio Basile había enfatizado que la Academia pondría lo mejor en el Torneo local y en la Copa, pero hizo una aclaración: “si en algún momento tengo que elegir, el Clausura va a tener la prioridad”. ¿Por qué? La obsesión del técnico era cortar la falta de vueltas olímpicas a nivel doméstico.
 
Habían pasado 31 años de la conquista del Campeonato de 1966, del que Basile fue parte como jugador. Julio César Balerio, un arquero uruguayo que había estado en Racing (de 1987 a 1990), lo tenía tan presente que desafió a la gente: en pleno partido, el 1 del conjunto peruano alzó las manos y contó cuánto tiempo se había acumulado sin que la Academia gritara “dale campeón” en el plano interno. Tras una irregular campaña, el anhelo del Clausura había quedado archivado y Racing apostaba de lleno a conquistar América.
 
Con Nacho González como figura estelar, había eliminado por penales a River -defensor del título-, en octavos de final, y a Peñarol -cinco veces campeón continental-, en cuartos. “El que pase esta llave será finalista de la Copa”, había vaticinado el Coco en los duelos contra Peñarol, por lo que se había potenciado la sensación de que Racing era el favorito ante Sporting Cristal.
 
La Academia pudo haber goleado a Sporting, pero falló y consiguió un 3-2 que dejó abierta la serie. Basile, el último técnico que fue campeón con el club a nivel internacional, pasaría del sueño a la pesadilla en una semana. En Perú, a Racing no le alcanzó el fútbol ni la superstición. En el entretiempo, con un 2-1 adverso que llevaba a los penales, los jugadores se cambiaron la camiseta: abandonaron la alternativa que se estrenaba esa noche y apelaron a la utilizada anteriormente, pero la resistencia igualmente sería de cristal. “La única verdad es la realidad, como dijo el General (Perón). Fueron superiores y nos ganaron bien”, reconoció el Coco después de una noche funesta que terminó con derrota 4-1 y adiós a la Libertadores.
 
Para describir la paliza recibida en Lima, Basile había parafraseado a Perón, cuyo apellido es nombre del Cilindro. El 1° de noviembre de 1967, el estadio de Racing fue escenario de una jornada épica del Equipo de José, aunque el estruendo previo al inicio del partido fue el de un coro de silbidos a Juan Carlos Onganía. El presidente de facto que había derrocado a Arturo Illia se tuvo que ir ante la reprobación de un marco imponente. Fueron 105.000 personas las que hicieron temblar el cemento de la casa académica, sin murmullos y sin la histeria que hoy se palpa en la tribuna, y establecieron el récord de público en un estadio argentino. El triunfo 2-1 sobre Celtic forzó la inolvidable Batalla de Montevideo, donde Pizzuti incorporó a un grupo de boxeadores y los que acreditó como fotógrafos para preservar a la delegación. 
 
El partido fue caliente y hubo cinco expulsados. Basile y Rulli fueron los dos que vieron la tarjeta roja en el Equipo de José, que en el mítico Centenario noqueó a los escoceses gracias al zapatazo del Chango Cárdenas, con el que Racing ganó 1-0 y se consagró como el primer club argentino campeón del mundo.
 
La gloria o Devoto. El Coco siempre fue temperamental. El gobierno de Onganía, el dictador que se había ido silbado del Cilindro un año antes, en 1968 había promovido un edicto insólito: los futbolistas expulsados por acciones violentas serían encarcelados, con penas de hasta 30 días. En la serie de semifinales de la Libertadores en la que Racing era defensor del título, Basile terminó en la cárcel junto con Nelson Chabay y dos jugadores del Estudiantes de Zubeldía, Ramón Aguirre Suárez y Néstor Togneri.
 
La perla negra de esa serie en la que la Academia sufrió la eliminación la dictaminó Guillermo Nimo, el juez de línea que años después se convertiría en referí principal y, más adelante, en mediático del programa Tribuna Caliente. “Aguirre Suárez le había pegado a Cárdenas, entonces fui a buscarlo y le metí un apretón en los huevos y cayó retorcido de dolor. Nimo levantó la banderita, le avisó a Coerezza (el árbitro) y nos mandó en cana por agresión”, recordó Basile, quien estuvo durante 5 días en el penal de Devoto, donde protagonizó –junto con Chabay- otro duelo ante Aguirre Suárez y Togneri: los de los partidos de truco en el pabellón.
 
En la calle, los hinchas de uno y otro equipo iban a “hacer el aguante” a sus jugadores detenidos. El 1° de mayo, todos fueron liberados y Basile fue testigo de una situación que luego le causaría gracia: su papá se peleaba con Carlos Bilardo, a quien responsabilizaba por la pelea que terminó con los futbolistas tras las rejas. Tanto Racing como Estudiantes tenían “un equipazo” -recordó el Coco-, aunque el favorito de aquella serie era el de Pizzuti, que terminó derrotado.
 
Las grescas y la Libertadores van de la mano. Eduardo Coudet, que el jueves le pedía calma a Ricardo Centurión después de festejar el golazo de Alejandro Donatti en la cara de un rival –al que hizo expulsar-, tuvo que contenerse para no golpear a los futbolistas de Atlético Nacional. En Medellín, Chacho explotó porque los jugadores del equipo colombiano se burlaron de los de Rosario Central, tras el agónico gol que dejó al Canalla afuera de la Copa de 2016.
 
“Apagame la tele porque voy a soñar, sigue sacando pelotas Armani”. El pedido de Coudet, en plena conferencia de prensa tras el 1-0 de la Academia ante la U. de Chile, causó risas. En esa serie de 2016 en la que Central se despidió de la Libertadores y en el clásico que Racing perdió con River en esta Superliga, el arquero fue determinante para frustrar al Chacho. Más allá de la ocurrente reacción que tuvo, el entrenador se fue del Cilindro con la tranquilidad de la clasificación sellada y con la sensación de que, desde la tribuna, cada vez pedirán más.
 
“La gente se va feliz... Es difícil, ¿no? Porque cada vez tenemos más exigencia, y ante un partido más o menos parece que Racing juega mal. Son partidos de Copa Libertadores ¡y son durísimos!”, fue la primera reflexión de Coudet al costado del campo de juego tras el 1-0 que garantizó el pase a octavos de final. Con la cintura de sus mejores tiempos como mediocampista, el Chacho hizo alusión a la impaciencia de la gente.
 
El que no alienta a Racing... En el Cilindro, el mismo de la presión constante para los rivales en la Libertadores 97, el escenario que en 1967 tuvo el récord de concurrencia en Argentina, el lugar donde la hinchada se convirtió en la número 1, el jueves hubo un pelotazo en contra. Murmullo. Reproches ante el primer pase fallido. Fastidio. En las plateas. También en la popular.
 
En el grupo de la muerte, Racing llegará clasificado y como líder a Brasil, donde dirimirá el primer puesto contra Cruzeiro. Pero ante un partido deslucido, en un año en el que la Academia ganó en siete de sus ocho presentaciones como local (sólo perdió con River), las reacciones de varios hinchas se asemejaron a las de desesperación por un descenso inminente. Lo central transcurre adentro de la cancha, donde se definen los partidos, pero en tiempos de ira tuitera y adoración por las selfies, sería saludable que el hashtag no sea #histeria, que se apele a la #paciencia y se reivindique el #aliento.
 
Belo Horizonte, la próxima estación en el camino copero de Racing. Si suma, terminará primero; una derrota lo dejará segundo. Más allá del puesto, cualquier cruce no deberá ser subestimado. Las experiencias de las series con Sporting Cristal, América de Cali (2003), Guaraní (2015) y Libertad (Sudamericana 2017) ameritan no confiarse. Sí confiar. La primera ilusión de Coudet es retener a Lautaro Martínez tras el parate por el Mundial.
 
Rusia 2018 es el objetivo de la Selección, que lleva 25 años sin títulos. ¿Quién la dirigía en la conquista de la Copa América 93? Basile. El Coco, ese hombre que cruza la historia de las últimas cinco décadas de Racing y que extendió su gloria a todo el fútbol argentino, sueña. Sueña como cualquiera que haya gritado el gol de Donatti: que Messi levante la del mundo y Lisandro López, la Libertadores.
 

 

Publicado el 08/05/2018
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