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Aued: "¿Por qué teníamos que ir a perder con Independiente? Nos volvimos positivos"

Aued:

El subcapitán de Racing habla de por qué se queda en el club, qué aprendió del DT de Atlético Madrid, opina de las escuchas de Angelici y cuenta lo que le enseñó Saja.

 

Luciano Aued le ponen nervioso los tipos que van, se entrenan y vuelven a sus casas como si el fútbol no fuera la vida.

En la semana, como todos, vio por la televisión las conversaciones de chanchullos  arbitrales entre Daniel Angelici y Luis Segura, lo analizó minuciosamente y, aún así, se convenció de que el fútbol seguía siendo fútbol.

Dice, ahora, en una sala de prensa a la que llegó después de pasar por delante de una gigantografía que lo tiene eternizado como uno de los campeones de la historia de Racing, que cree que lo siente así porque le costó tanto llegar.

Lo mismo le responde a su familia, a sus amigos y a su novia cuando le dicen que se vaya al exterior a hacer una diferencia económica: acá, en el club donde fue tan suplente como para volverse desconocido, pertenece.

A pertenecer aprendió pensando.

- ¿El fútbol es un trabajo? 
- Todavía, lo asumo como un juego con responsabilidad. Desde chico tuve mucha autoexigencia. A los 13 años, perdía y me encerraba en el cuarto y no salía. Mis amigos me decían: “Vamos a un cumpleaños”. Y yo no iba. Ahora, lo sigo viendo de la misma manera. Entiendo que es un trabajo, que podés ganar plata, que podés vivir bien, pero yo lo sigo sintiendo un deporte. 

- Antes de volverte profesional, trabajaste en una panadería. 
- El trabajo viene de familia. Mi viejo todavía es chofer de un taxi en La Plata. Mi vieja trabaja haciendo costuras. Me marcó mucho lo que pasó con mi hermano, que jugaba al fútbol y cuando mis papás se separaron, quedó medio aislado y terminó poniéndose a laburar a los 13 años, dejando el fútbol. Yo desde chico quería ser futbolista, pero iban avanzando los años y la brecha se achicaba. Tenía 17 años, mi hermano estaba en esa panadería y empecé a ir. Quería saber lo que era ganarse la plata. Todavía me acuerdo de irme de vacaciones y tener que trabajar para devolver la guita que me habían prestado. Todo eso me hizo valorar y entender lo que es el dinero, lo que es conseguirlo. Nosotros somos cinco hermanos, todos llegan como pueden a fin de mes, yo trato de ayudarlo, pero te hace entender el sacrificio que hace una familia. Es parte de no aislarte de la realidad.

- ¿Qué hubiera sido si no hubieras sido jugador? 
- No sé, porque nunca tuve registro de otra cosa. Hoy soy lo que siempre quise ser. Llegué con 20 años, en la última etapa, a debutar. De hecho, en la panadería estuve hasta la primera pretemporada en Primera. Yo solía pedirme días cuando tenía que jugar, pero me tuve que pedirme quince y eso ya me hizo dejar. 

- Tu carrera parece la de los jugadores de antes: fuiste despacio, sin quemar etapas y ahora estás en plenitud en un club de los grandes. 
- A mí me costó llegar y, por eso, me aferro al lugar donde estoy. Mi familia o mis amigos o mi novia me hacen ver que esto es un negocio y que la carrera se termina y sería lo más lógico irse afuera a hacer una diferencia económica para estar en el futuro más tranquilo, pero yo realmente siento que acá estoy bien. Trato de mejorar, trato de sobresalir, trato de estar vigente, pero quiero quedarme acá. Me pasó en 2015, faltaban dos días para que se terminara mi contrato y decidí quedarme y seguir adelante. Como en un principio no me fueron bien las cosas, sufrí mucho. Mi familia la pasaba mal por mí. Soy tan enfermo del fútbol, que cuando sale mal así lo siento. Y, entonces, pienso que peleé tanto por estar en el lugar al que llegué que no quiero irme. 

- Tu carrera parece una metáfora de Racing: costó llegar hasta la calma que hay hoy. 
- Se logró esa mentalidad y ese cambio en 2014 con la llegada de Milito, de Cocca, de Saja y de todas las patas que se alinearon. Pero yo viví la etapa en que no había presidente, ni vice, ni manager, ni técnico. Llegabas al club y no sabías quién iba a estar adelante. Haber salido campeón y haber jugado una copa internacional es algo era un sueño y llegó. Y quiero ganar algo más por Racing.

- Todo eso que relatás es un cambio que se dio desde la pertenencia.  
- Sí, pero es difícil. Los chicos hoy buscan un lucimiento más personal. Enseguida quieren irse y no les importa. Ya los lleva para otro camino que no sé si es bueno o malo, pero hay que tener un sentimiento de pertenencia. Hay que valorar todo lo que un club hizo para que vos llegaras a Primera. Hoy el cambio tecnológico hace que antes de debutar ya los conozcan. Ni arrancaron y ya tienen precio. Eso hace que gran parte se confundan. Ese camino no es el correcto. Le preguntás a los chicos quiénes son las glorias del club y no lo saben. Hay historias del club que explican por qué Racing es tan grande y no lo saben. No se genera ese sentido de pertenencia que te hace decir “uh, mira el club en el que estoy, lo tengo que cuidar”.

- ¿Y a vos quién te cambió la cabeza? 
- Generacionalmente, compartí otra cultura y otro estilo de pensamiento. En Gimnasia, cuando subí, tenía gente del club como Chirola Romero o Teté González o Mariano Messera o Gastón Sessa que conocían mucho dónde estaba. A mí me marcó mucho un técnico en inferiores, Damián Basílico, que explicaba lo mismo.

- ¿En Racing? 
- El que más me marcó fue Seba Saja. Llegamos juntos y estuvimos cinco años. En los últimos tres años concentramos juntos y logramos tener una amistad. El dejó un legado en Racing que tiene que ver con el sentido de la profesionalidad. Y la personalidad de él. El vestuario se movía al ritmo del humor de Seba.  

- ¿Y Milito? 
- Con Diego, cambió el sentido de pertenencia porque él era del club. Le explicó a los más chicos de qué se trataba esto y le dio al plantel el sentido de la humildad. Pero él es diferente: vos hablás y tiene un modelo de club. No escuchás en ningún lado a un futbolista que tenga un modelo de club. Sólo él. 
 
- ¿Qué se aprende de los líderes? 

-Si vos tomando un mate o escuchando a otro o prestando atención al técnico vas captando por qué alguien dice tal cosa, por qué de repente calla, por qué exige de tal manera a un jugador, por qué a uno le cae y a otro no, aprendés. En el fútbol se repite todo, entonces hay que mirar los detalles.

- ¿Cuándo empezaste a prestar atención a esas cosas? 
- Cuando llegué a Primera, yo lo seguía viviendo desde el amateurismo. No miraba que esto es un negocio o que hay maniobras por detrás. Entendí, luego, todo lo que rodea el fútbol. 

- ¿Cómo se vive, como futbolista, escuchar las conversaciones de Angelici y de Segura que trascendieron? 
- Por empezar hay que analizar por qué y cuál es el objetivo de que se vuelvan públicas. Por qué en este momento, con todos los problemas que hay en el fútbol. No está bien, pero sabemos que pasa. Es un secreto a voces. Todos saben que pasa, todos saben que ocurre, incluso se le exige a un dirigente que eso es cuidar al club. El que no está metido en el fútbol dice qué hijo de putas éste. El que está adentro se tiene que preguntar por qué se volvió público algo que todos sabemos.

- ¿Empezaste a hacer el curso de técnico? 
- Concentrando con Saja se me empezó a despertar esto de anotar entrenamientos. Me dijo: “¿Por qué no empezás a hacerlo ahora que tenés tiempo?”. Empecé a hacerlo con Milito en La Plata.

- ¿Leés? 
- Aprovecho los viajes para leer. Pancho Cerro me regaló el libro de los sobrevivientes de los Andes. En general, llevo todo para el lado de lo futbolero. Todo lo que sea historias del fútbol me interesa. Leí la autobiografía del Cholo, lo último de Valdano, ahora terminé Una vida demasiado corta, sobre la vida de Robert Enke.  

- Justo el Cholo, que fue tu entrenador en Racing. 
- Valdano y Simeone, si mirás los libros, tienen dos maneras muy distintas de ver el fútbol y yo me siento más cerca de la del Cholo. En Racing, me abrió las puertas en un momento muy duro: yo llegué con el Pata Castro después de descender en Gimnasia, que fue un golpe que futbolísticamente me destrozó. Lo tuve seis meses, pero fueron muy intensos.

- ¿En qué se nota esa intensidad? 
- Me quedó marcada la previa de un clásico. Íbamos caminando, él un poco delante mío, en otra conversación, y de repente se dio vuelta y me dijo: “Mirá que vas a jugar de titular contra Independiente, ¿estás preparado”?. Me dejó la presión para que me fuera carburando en la cabeza. Faltaban dos días y yo ya estaba metido, viviéndolo. Lo que tiene él es que hace un análisis de la personalidad del plantel: a alguno, le decía diez minutos antes que iba a jugar para que no sintiera la presión, a otro hacía que lo fuera digiriendo de otra manera. El paso del Cholo acá fue magnífico. Yo aprendí muchísimo. Él, el profe y el Mono mostraron un método de trabajo increíble.

- ¿Por qué increíble? 
- Te decían que el trabajo duraba una hora y cuarto y duraba eso. No dejaban que te relajaras ni un poco. Capaz estabas lesionado y el día del partido vos entrenabas diferenciado a la mañana porque a la tarde había partido y él estaba a las 10 con los suplentes y a las 16 en la cancha. Yo pensaba: “Mierda, éste tipo te hace entrenar sin hacerte sentir diferente”. 

- Parte de lo que es éste aprendizaje tuyo y de éste Racing se sintetiza en la manera en que ahora se juegan los clásicos contra Independiente que antes se perdían, ¿qué cambió? 
- Nos volvimos positivos y cambiamos la mentalidad. ¿Por qué nosotros teníamos que ir a la cancha de Independiente a perder? Nosotros no podemos hacernos cargo de la historia de Racing: nosotros vamos de acá para adelante. Eso quedó bien estipulado desde 2014. Dijimos: “Hay que marcar una senda ganadora”. Y lo hicimos. Nos costó y el primer clásico que fuimos fue una goleada. Nos golpeamos y nos levantamos. Pero ahí cortamos y ganamos: el monstruo tan grande que se había construido quedó reducido a nada.

Publicado el 13/02/2017
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