Néstor Kirchner y Racing

Por Ezequiel Scher

El 24 de junio de 2009, el Estado le cedió a Racing unos terrenos en Ezeiza para construir un predio de fútbol. Sin embargo, problemas con la Reserva Natural, Integral y Mixta de la Laguna de Rocha impidieron el comienzo de las obras. Esta semana, se aprobó la construcción del centro deportivo, que se llamará Néstor Kirchner. Que el ex presidente era fanático de la Academia es algo conocido, aunque no son públicas tantas anécdotas. Para quien es hincha, la manera de amar un club, muchas veces, habla de una forma de sentir la vida. Esta es una breve sinfonía de ese sentimiento.

  • No hay una razón que justifique por qué Néstor Kirchner padre, en el sur del país, se volvió hincha de Racing. Pero su hijo y él se encerraban todos los fines de semana a escuchar los partidos de su equipo en una radio Tonomac. Néstor Kirchner hijo, a los 17 años, tocó la gloria cuando el equipo de Juan José Pizzuti le ganó al Celtic y salió campeón del mundo, en 1967. Sus ídolos eran Roberto Perfumo, el Panadero Díaz, el Chango Cárdenas y Norberto Raffo. Del comienzo de la década del 60, tenía una profunda admiración por Federico Sacchi. Conservó la misma radio que había usado con su papá para escuchar las aventuras académicas con Máximo. En Santa Cruz, solían pasar a Boca o a River y, de repente, en la emisora, anunciaban gol del potente extremo Walter Fernández. Esa costumbre lo volvió un erudito en estadísticas futboleras de la época. Además, compraba las revistas Solo Fútbol, El Gráfico y Racing. Los libros de la historia académica también estaban en la casa. La familia, todavía, guarda los disquitos del equipo de José.
  • El 20 de septiembre de 1987, Néstor llevó a Máximo a la cancha de Racing para ver un clásico contra Boca. Cuando ingresaban a la platea, detectó a alguien, se frenó, hizo una reverencia y le dijo a su hijo: “Este señor que está acá es un prócer. Es Orestes Corbatta y es uno de los mejores jugadores que vi en mi vida”. En esa época no había tanta foto, pero se saludaron. La Academia, dirigida por Alfio Basile, ganó 6-0. A la salida, le compró un muñeco, como souvenir de la cancha. Unos metros después, les robaron todo lo que llevaban. No les quedó otra que regresar en un transporte que pudieron pagar recién al llegar a casa.
  • A Racing siempre le costó más que a los otros grandes sanar las heridas. Volver del descenso le costó dos años. El 30 de diciembre de 1984, perdió su primera posibilidad de ascender contra Gimnasia y Esgrima La Plata. Los Kirchner iban a viajar a la capital de la Provincia de Buenos Aires a pasar las fiestas con la familia de Cristina. Néstor se enojó, le dijo a su compañera y a su hijo que se marcharan solos. Decidió que iría al día siguiente: no quería cruzarse con Ofelia, su suegra, fanática de los triperos.
  • Un año más tarde, el 27 de diciembre de 1985, en el Monumental, Racing tuvo su segunda chance. Esta vez, definía el ascenso contra Atlanta. La ida había sido 4-0 para la Academia y la vuelta terminó 1-1, con gol de Néstor Sicher. A la cancha, fueron Néstor, Cristina y Máximo. A la salida, festejaron en una confitería, donde le empezaron a gritar “Lupín, Lupín” unos antiguos compañeros de militancia.
  • Néstor era gobernador de Santa Cruz, estaba en Buenos Aires con su histórico amigo Pepe y fue al palco oficial del Cilindro a ver un partido contra Estudiantes. Fue el 12 de mayo de 1996. En la fila de atrás, vibraban el actor Federico D’Elía y su padre Jorge, los dos hinchas del Pincha. Juan Ramón Fleita había marcado el 1-0 de la Academia contra los once del Profe Córdoba, con Martín Palermo como nueve. En la última pelota del partido, Chiquito Bossio fue a cabecear. Al verlo, Pepe dijo: “Mirá, va el arquero, ahora les hacemos el 2-0 de contra”. El expresidente lo miró serio y fue tajante: “Callate, Pepe”. Unos segundos después, de cabeza, el tipo de guantes metió el empate.
  • No lo podía entender. Estaba atrapado en un dolor enorme. El 4 de marzo de 1999 escuchó cómo la síndico Liliana Ripoll anunciaba que Racing Club dejaba de existir. Comenzó a moverse: habló con Chacho Álvarez y hasta con Rodríguez Larreta. Desde el sur, llamaba a su hijo, que estaba en Buenos Aires yendo a las marchas y a la sede para defender a la institución y para reclamarle a Daniel Lalín, mandatario del club en esos días. Quería saberlo todo. Lo supo siempre y lo sintió en esos días: en la adversidad, la resistencia es sostener la cabeza y seguir para adelante.
  • En la campaña electoral de 2009, caminaba por las calles de Dock Sud y un hincha de Boca le gritó desde una ventana: “¿Cómo sale el clásico?”. Se dio vuelta y le gritó: “3-0”. Días más tarde, por un acto político, apareció en el entrenamiento de Racing y le prometió a Ricardo Caruso Lombardi que, si ganaban, les regalaría unos televisores para que sortearan. Fue 3-0.
  • En 2008, se enojó mucho al leer un diario que decía que Kirchner no quería elecciones en Racing y prefería el gerenciamiento. Llamó a sus conocidos del club para decirles que tenía que volver la democracia. Sus amigos racinguistas cuentan que se ponía muy feliz cada vez que el club promovía un juvenil. Las apariciones de Diego Milito, Mariano González y Lisandro López lo motivaban mucho. Maxi Moralez fue el último futbolista que lo encandiló: cuando lo veía en la tele, coreaba su nombre. En 2009, se mostraba muy feliz por la llegada de Miguel Ángel Russo como entrenador. Le gustaba su estilo de juego. Por esa época, todavía en Olivos, entraba en los picados, siempre, con la camiseta que lleva los colores que amó toda la vida.

 

 

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