Empate sin goles frente a Newell’s

Empate sin goles frente a Newell’s

Racing jugó con su estilo reconocido, acumuló numerosas situaciones para convertir, pero no pudo quebrar el empate. El 0-0, de todos, lo deja clasificado a los cuartos de final de la Copa de la LPF.

No fue según la costumbre reciente, con triunfo. Hubo juego, ocasiones para convertir y méritos suficientes para que el triunfo quedara en el Cilindro. El empate 0-0, ajeno a los sucesos más frecuentes de los 90 minutos, confirmó a Racing en lo más alto de la Zona 1 de la Copa de la LPF y, también, como el primer clasificado a los cuartos de final.

Las ocasiones se sucedieron como consecuencia natural del control absoluto de campo y pelota. El anuncio prematuro, a los 3 minutos (cabezazo de Enzo Copetti que Arboleda tapó sobre su poste derecho), tuvo la continuidad necesaria para que Racing reclamara, con legitimidad, por la ventaja. Racing acumuló de contra (Facundo Mura-Copetti-cierre exacto de Lema), de pelota parada (Carlos Alcaraz, de tiro libre) y de rebote (Lema frustró en la línea un remate de Emiliano Insúa).

Racing hizo lo que sabe: reducir el campo hacia adelante, llevar a Newell’s contra su zona y mover la pelota y las posiciones de volantes y delanteros para que no hubiera referencias fijas. El equipo rosario, con el perfil que ya se les distingue a las formaciones de Javier Sanguinetti (vigorosas, con orden en la superpoblación del medio hacia atrás), había insinuado una presión alta en el primer momento, con Funez, González, Garro y Castro, pero enseguida cambió de planes ante la imposibilidad de cortar el primer circuito de Racing. Entonces, la densidad en la zona de volantes, delante de la defensa, se volvió lógica. Pero Racing la supo vulnerar con la circulación.

Si la idea de Newell’s fue aguantar para generarle desgaste a Racing y, luego, proyectar la búsqueda en la reanudación, los indicios del primer cuarto hora del segundo tiempo parecieron sostener esa sospecha. Los rosarinos se adelantaron, compactos, y empezaron a acercarse a Chila Gómez. No lo hicieron con un circuito colectivo, sino esperando un recobre para la salida veloz. Le funcionó una vez con un disparo externo de Castro que Gómez desvió y dio en el travesaño y, a poco de final, con una salida imprecisa que tomó Reasco para definir desde lejos: otra vez aparecieron las manos de Chila.

¿Esas referencias significan que Racing declinó el dominio? En absoluto: a los 16 minutos, con los ingresos de Jonatan Gómez (por Tomás Chancalay) y Javier Correa (en lugar de Carlos Alcazar), retomó el pase y la velocidad para imponer condiciones otra vez. Pudo haber celebrado con una pelota que Copetti no llegó a empujar, con un disparo de Matías Rojas o con un pared entre Eugenio Mena y Correa, perdidas del arco de Newell’s apenas por centímetros.

El empate no modifica la certeza acerca cómo debió haber sido el resultado. Mucho menos la vigencia de la idea de juego.

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